CONJUNTO ETNOLÓGICO DE LAS ZAYAS DE CASTRILLO DE LA VALDUERNA
Zayas de Castrillo y Velilla de la Valduerna
arquitectura
Itziar Quirós Urdampilleta
Pablo López Presa
Javier Ibán de Castro
Raquel Catalán Díez
Promotor
Ayuntamiento de Castrillo de la Valduerna
El Conjunto Etnológico de las Zayas de Castrillo y Velilla de la Valduerna se despliega a lo largo de los cauces derivados del río Duerna, configurando un paisaje cultural en el que el agua ha sido motor de vida y actividad económica durante siglos. En torno a estas acequias tradicionales, conocidas en la zona como zayas, se articulan molinos, pisones y sierras que transformaban cereales, lino y madera, y que hoy forman un entramado patrimonial singular en la provincia de León.
Este estudio ha identificado veinte elementos hidráulicos: tres presas, un salto de agua para generación eléctrica, doce molinos harineros y de linaza, dos pisones y dos sierras. Muchos de ellos se conservan en buen estado, algunos aún con maquinaria en funcionamiento, mientras que otros se encuentran en ruina o han desaparecido. Este conjunto refleja la capacidad de las comunidades locales para organizarse en torno al aprovechamiento del agua, mediante sistemas colectivos de mantenimiento de presas y cauces, y da testimonio de oficios ligados a la molienda, el abatanado textil y el aserrado de madera que sustentaron la vida rural hasta bien entrado el siglo XX.
Arquitectónicamente, son construcciones sencillas, de muros de piedra y cubiertas de teja, que se alzan sobre los canales como puentes habitados, integrando cárcavos, rodeznos y forjados de madera. Su sobriedad formal se compensa con la riqueza etnográfica de las prácticas asociadas: la maquila como forma de pago en especie, las noches de molienda acompañadas de música y cartas, o el trajín de carros procedentes de pueblos vecinos en épocas de estiaje.
El conjunto etnológico de las zayas no sólo preserva un legado técnico y productivo, sino también una memoria colectiva en la que paisaje, arquitectura y modos de vida se entrelazan. Su puesta en valor constituye una oportunidad para reforzar la identidad del valle del Duerna y proyectar hacia el futuro un patrimonio que ha sabido resistir al tiempo gracias a la fuerza de su vínculo con el agua y con la comunidad.







